Nací en los suburbios de Guayaquil, Ecuador.  Mis padres eran católicos pero no conocían a Jesús personalmente.  Ellos estaban satisfechos con sus vidas aunque vivían en pareja y nunca se habían casado.

Después de tener ocho hijos,  se separaron cuando yo tenía 5 años.  Mi vida se tornó muy difícil.  Mi madre nunca estaba en casa porque trabajaba para que nosotros tuviéramos para comer.  Mis hermanas mayores, aún no muy maduras, tenían que cuidar  de nosotros.  Nos mudamos muchísimas veces sin tener un lugar específico donde vivir.  Repetidamente me preguntaba por qué yo tenía que sufrir tanto.

Cuando tenía 12 años me fui a vivir con mi padre porque pensé que allí tendría una mejor vida.  Pero,  el se fue a vivir con otra mujer, así que viví sola en su propia casa.  A la edad de 13 años tuve un novio el cual fue mi pareja después de dos años. Por circunstancia de la vida y problemas familiares tomé la decisión de irme de la casa de mi papá con él.  Pensé que él podía darme el amor que nunca tuve en mi familia.

Con él tuve dos hermosos hijos, cuyos nacimientos fueron muy difíciles para mi, ya que con el primero tuve problemas de parto y casi muero para poder salvar la vida del bebé. Después de un año quedé embarazada de mi segunda hija. En este tiempo mi compañero, no deseaba tener otro hijo y quería que abortara. Por no querer tomar esa decisión  tuve muchos problemas. Al fin él me forzó a ir al médico para realizarme esta práctica.  Sufría mucho (todas las noches lloraba y le pedía al Dios de mi familia que no permitiera que yo abortara.  Después de un tiempo decidí ir con mi hermana mayor a una doctora de la familia que hacia abortos. La doctora, después de unos exámenes me dijo que no podía practicarlo  porque  tenía cuatro meses de gestación y el bebé ya era grande.

            Al regresar a casa y contar lo que había pasado a mi compañero, comencé vivir en un infierno, porque él nunca aceptó  mi embarazo diciendo siempre que era solo mi responsabilidad. Me maltrataba verbal y físicamente, echándome la culpa por traer otro bebè a la familia  Sufrí de tal manera que dí a luz a mi hija prematuramente.  Por no tener atención médica durante mi embarazo,  el bebé tuvo muchos problemas al nacer con su orazón, sus pulmones y el cerebro.  Comencé a clamar a Dios, a la Virgen María y a todos los santos. Ahora sé, que el todopoderoso Dios escuchó mis oraciones aunque yo estaba equivoada en lo que creía.

El tiempo pasó y la conducta de mi novio no mejoró.  Nos separamos.  Intenté terminar la escuela secundaria trabajando medio tiempo.  Estaba con mis niños por la tarde y por la noche estudiaba.  No tenía ayuda de mi familia y comencé a salir con hombres jóvenes porque quería sentirme amada y llenar el vacío que había en mi.  Comencé a beber mucho alcohol e ir a fiestas.

A los 22 años, de un profesor de inglés de la escuela secundaria  oí  el mensaje de salvación.  Si escuchábamos sus clases recibíamos puntos para nuestras notas.  El me presentó  la verdad de Dios, su amor y la reconciliación.  No obstante, no quise aceptar este mensaje porque en este tiempo me había enamorado de otro hombre, y tenía problemas mas grandes.  Estaba sin trabajo y el padre de mis hijos no me ayudaba para darles de comer.  Esta situación me confirmó lo que había creído desde mi niñez,  que había nacido para ser infeliz.

Estaba a punto de cometer suicidio con mis niños cuando en esa  noche que había planeado matarme, clamé e alta voz:  ¨Si Dios existe, si es real,  no debo hacer esto,  algún día seré feliz. ¨

Comencé a buscar a Dios por dondequiera, y busqué por muchas religiones.  Finalmente hablé con un ministro llamado Moisés y el me hizo entender que necesitaba el perdón de Dios y cambiar mi estilo de vida.  En ese momento deseaba conocer de este Dios.  Comencé a escuchar la radio cristiana y poco a poco fui entendiendo que estaba separada de Dios.  Acepté al Señor en mi corazón durante un programa de radio del Pastor Adrian Rogers.

Pronto encontré una hermana en Cristo con quien comencé a conversar.  Ella vivía cerca de mi casa y me invitó a la iglesia.  Ese domingo fue la primera vez que sentí paz en mi vida.  Empecé también a  llevar a los niños a la escuela dominical.  Fue una hermosa experiencia para mi.  Después de un tiempo compartí el evangelio con mi madre y mi hermana Mónica.  Mi mamá vió el cambio que Dios había hecho en mi vida y ella también aceptó a Cristo y perdonó a mi padre por todo el sufrimiento que él le había causado.

Después me bauticé y comencé a ser líder de los jóvenes.  Mas tarde fui a un campamento para enseñar a los niños a leer.  A través de estos ministerios Dios me estaba dando una oportunidad de expresar mi gratitud por mi nueva vida.

Actualmente,  como estudiante del seminario,  Dios me está dando la el privilegio de desarrollarme como  líder en la iglesia en conocimiento, carácter y práctica.  Siento el llamado a enseñar y trabajar con niños y adolescentes.  Puedo usar mi pasado para ayudar a las mujeres abusadas quienes se sientes incapaces de cambiar su mala situación.  Ahora mi oración a Dios es que yo siga su voluntad y continúe trabajando para Su Gloria.

-María Luna es estudiante del Seminario Teológico Nazareno de América del Sur, en Quito, Ecuador.  Su testimonio apareció impreso en andeanadventure.blogspot.com,  un blog de las Misiones Nazarenas en el Area del North Andino, S.A.